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Los secretos que Pep Guardiola aprendió de Julio Velasco

Pep Guardiola toma notas de Julio Velasco

Pep Guardiola encontró un dato revelador en su armado como entrenador cuando en su cuaderno subrayó un concepto especial luego de conversar tres horas con el entrenador argentino de vóleibol, Julio Velasco.

Guardiola era futbolista del Brescia y ya había decidido que su próxima vida en el fútbol iba a darse como director técnico. De Velasco tomó la idea de que es falso que todos los integrantes de un plantel tienen que ser tratados de la misma manera. “Es una de las mentiras más grandes que hay”, comentaría Guardiola desde entonces en cada foro en el que le haya tocado intervenir. Sobre esa manera de llegarle a los integrantes de un plantel, Guardiola basó su estrategia en Barcelona y ahora en Bayern Munich. En una entrevista en Vorterix, Julio Velasco refrescó ese recuerdo y le agregó más detalles:

“Guardiola es una persona increíble, porque cuando se decidió a ser entrenador buscó formarse con gente por afuera del fútbol. Se entrevistó con un montón de gente e inclusive su mano derecha es un ex jugador de Waterpolo. Me pidió una entrevista y conversamos durante tres horas. Me preguntaba que opinaba yo sobre todo lo que se le venía a la cabeza y todas las dudas que tenía. Preguntaba y anotaba. Se acordó de un concepto (“No todos los jugadores deben ser tratados de la misma manera”) y para mí cada cita de Guardiola es uno de los más grandes honores que tuve en mi carrera”.

“Después nos volvimos a encontrar cuando él ya no era jugador de Brescia. Era el DT de Barcelona y estaba en pleno proceso de ver si cambiaba a Eto’o por Ibrahimovic. El me consultó sobre el tema de cambiar después de ganar. Me dijo “Ví que cambiaste luego de ganar con Italia en vóleibol”. Charlamos justamente sobre eso: cambiar luego de ganar. Y él me explicó cuestiones de Barcelona, sobre su manera de jugar. Fue muy generoso en contar todo lo que había aprendido…”

Las referencias sobre el fútbol en Julio Velasco están fundamentadas. Durante un cambio de rol en su profesión dejo de ser entrenador de vóleibol para ser Director Deportivo en Lazio y luego manager en Inter. Pasó de un trabajo diario con dirigidos a un rol ejecutivo fuera de la cancha. Lo que siguen son ideas de Velasco sobre el fútbol, su manejo y la manera en que los entrenadores deben conducir a sus grupos. Y especialmente, cómo pierden el tiempo en polémicas improductivas y que se llevan demasiada energía.

“El fútbol es un deporte que se lo juzga livianamente desde afuera. Es muy complejo y difícil de llevar adelante. El fútbol es la única empresa donde todo lo que ocurre se sabe en el momento en todos lados. En cualquier otra empresa donde ocurriera esto no dura ni una semana. Cualquier pelea, cualquier decisión, se sabe en el instante. Muchas veces una operación económica es conveniente y los hinchas no permiten hacerla. No entienden que un futbolista está en una pendiente de rendimiento y que venderlo es la mejor alternativa. Gestionar eso lo hace muy complejo”.

“Los dirigentes no consideran al DT como un gerente general y en ocasiones lo consideran menos que un jugador. No lo sientan en la mesa de decisiones y eso lo tiene que aprender el fútbol en general del fútbol inglés. Inclusive el resto del fútbol europeo”.

“El fútbol italiano, aunque no parezca, tampoco tiene estructura de empresa. Tienen dueños que son empresarios, lo cual no es lo mismo. Es como cuando los equipos de fútbol tienen un jugador al que consideran “difícil”, pero justamente son esos difíciles los que hacen ganar partidos. Si tenemos un equipo de todos chicos buenos y obedientes, que no causan problemas, es probable que no tengamos líos pero tal vez no ganemos nada. Un presidente no puede pretender que su club funcione como una empresa si centraliza todo y no tiene un consejo de administración con capacidad de tomar decisiones. Eso no motiva a los que están. Se aburren y así la estructura se cae”.

“La estrella no tiene que tener privilegios. No se trata de eso. Cuando me toca lidiar con un jugador estrella yo le digo: ‘El privilegio ya lo tenés porque ganás más que los otros’. El trato con los jugadores es de seducción. Seducir es descubrir qué le gusta al otro. Nosotros como entrenadores no podemos decirle a un jugador: esto es así y punto. Hay jugadores con los que uno se comunica yendo a cenar, a otros alcanza con hablarles tras la práctica. Eso lo debe descubrir el entrenador. Cuando hay un caso evidente de desigualdad (Ej: Maradona en Napoli) lo mejor que puede hacer un entrenador es hacer explícita esa desigualdad. Que todos sus compañeros tengan en claro la situación”.

“No me gustan los equipos donde la garra se confunde con la histeria o la mentalidad ganadora se refleja en pelearse con los jueces. Muchas veces le pregunto a mis jugadores cuáles son los equipos que más temen y la respuesta es la misma: respetan más a los equipos que no se achican y a la vez no demuestran que no se achican. Los equipos y los jugadores que están declamando todo el tiempo que son guapos, en realidad, están escondiendo alguna inseguridad. Si sos duro, demostralo compitiendo. Si es verdad todos se van a dar cuenta”.

“En deporte en la Argentina siempre hay una tendencia a elegir. O la habilidad o el entrenamiento. O el crack o la prepar
ación. Se elige, no se integra. Si es verdad que con el crack alcanza y la que tiene que correr es la pelota, ¿por qué los cracks no juegan hasta los 50 años? Privilegiamos la elección por encima de la suma. Los entrenadores también están en esa línea. Plantean un ‘Ellos o Nosotros’. Nuestra manera y la manera de ellos. Se apuesta más a la exclusión que a la síntesis. Con los talentos se hace lo mismo. O el trabajo de equipo o el individuo. Los grandes equipos siempre han tenido un gran trabajo en conjunto con figuras que hacen la diferencia”
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“¿Por qué esta cuestión de restar? Quizás porque el deporte se hace más de mesa de café que de campo, de buscar experiencias positivas con el trabajo. Lo que hay que enseñar es que el deporte es algo muy difícil y en eso tiene un gran papel el periodismo. El deporte es una competición donde se pone en juego todo, hasta la buena suerte. Nunca se sabe que va a pasar y ese es su secreto, la adrenalina que mueve todo”.

“Hay una cierta ideologización del deporte. Nuestro trabajo es muy pragmático. Como entrenador yo debería tener una infinidad de conocimientos de cómo jugar y cómo entrenar y elijo lo que le sirve a mi equipo. A un equipo le sirve una cosa y a otro le sirve otra. Nosotros tendemos mucho a definir cual es ‘mi volley’, ‘mi fútbol’, ‘mi ideología’… Y en un mundo donde las ideologías se están muriendo, nosotros la reflotamos en el deporte”.

“Desde la ideología todo se transforma en ‘guerras de religión’. Nosotros marcamos esos territorios y gastamos una energía fenomenal en eso. Por eso no es casual que los entrenadores argentinos cuando van afuera tienen éxito porque se sacan ese fardo de encima. Llegas a Italia, a una ciudad cualquiera y no hay internas. Estás solo. ¿Qué interna querés tener si estás solo? Entonces pones toda la energía ahí para entrenar un equipo porque si no ganás, te echan. Y a nadie le interesa si vos tenés un método para trabajar y armás una polémica con otro entrenador de otra ciudad. No es relevante. Entonces todos hemos mejorado cuando nos fuimos. Tendríamos que intentar hace eso acá”.

“No entiendo porque a los entrenadores les interesa tanto como entrena el otro. Si el otro entrena peor, mucho mejor. Si juego en contra y le quiero ganar, mejor que entrene mal a su equipo o con una idea equivocada, así le puedo ganar siempre. El debate lo puedo entender en gente que no compite, en la música, en el tango. Se discute a Piazzolla, lo que fuera. Pero cuando competís ya tenés la propia competición la que establece que tu modo es mejor que el del otro…”.

“Los entrenadores tenemos que ser auténticos y saber de lo que hablamos. Los jugadores son el primer filtro. Ellos pueden ver que la primera mano de pintura es atractiva, pero si cuando rascan ven que debajo hay óxido, chau, perdimos… Saber de un deporte ni siquiera implica haberlo jugado bien. Hay que conocer sus detalles y saber porque las cosas funcionan. Cuando le damos una indicación a un jugador y ve que le funciona, ya se predispone de otro modo”.

“Tenemos que confiar en nuestros jugadores, nos tienen que gustar. Si no nos gustan, estamos muertos. Si yo cuento en privado que un jugador no me gusta y se lo digo a un amigo en una cena, el paso siguiente es irme de ese equipo. Los jugadores nos tienen que gustar en algo, en la mejor condición que ellos tengan. Aunque no sean muy buenos, tenemos que saber que encontrarles de positivo”.

Fuente: Marcelo Gantman / Cancha Llena – Foto: Sebastián Domenech / La Nación

By | 2018-04-28T18:18:26+00:00 enero 8th, 2014|Categories: Consejos|0 Comments

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