Campus en Carlos Paz

A continuación transcribimos la nota realizada por el periodista Gabriel Rosenbaun referida a los inicios del Campus que dirige Enrique Méndez Paz y en la que muy gentilmente se acuerda de nosotros.

Dicen ciertas reglas periodísticas que, salvo excepciones, no hay que escribir en primera persona. Tampoco, involucrarse emocionalmente con lo que uno narra. Descreo de la objetividad –al fin y al cabo somos sujetos– y de muchas poses periodísticas, y suelo apasionarme con los temas con los que trabajo. Por eso, me tomo el permiso de escribir esta vez «desde otro lado», porque hay algunas historias que nunca se cuentan. Y yo tengo ganas de contarles una. O más bien, una prehistoria que encierra muchas pequeñas historias.

Sobre todo, porque sólo en la cabeza de unos cuantos «dementes» -en el mejor sentido, claro- podía caber este Campus.

Creo que la primera vez que Kiko me habló de la idea fue en Mar del Plata, a fines de 2012, cuando charlábamos con Lisandro Luppo y Edu Rodríguez, sus asistentes en el cuerpo técnico, durante un viaje de Unión Eléctrica por la Liga Argentina Femenina (en aquel viaje no estuvo Gustavo Santillán, la cuarta pata de la mesa técnica de este Campus: un personaje entrañable).

En «Mardel» aprovechamos que yo tenía que encontrarme con «el Huevo» Sánchez, el ícono de los Campus de perfeccionamiento en básquetbol, y le llevé unas cuantas inquietudes que surgieron por esos días.

Desde entonces, a Kiko no hubo cómo pararlo. Cuando se le pone algo, no hay manera de detenerlo. Es una «bestia» de laburo: un «animal» talentoso, meticuloso y todoterreno para planificar, gestionar, ir al frente. Para hacer, básicamente. Hay personas con las que uno sabe, antes de sentarse a hablar, que tiene el «no» asegurado. Kiko es todo lo contrario. Él te garantiza el «sí». Después busca la forma de lograrlo. Lo admiro. Siempre me agarra con la guardia baja y me termino sumando a todo lo que propone.

Desde ese diciembre de 2012 hasta mayo de 2013 –el lapso de esta Prehistoria- viví cosas de locos, bohemios, apasionados.

Recuerdo la primera reunión, en Córdoba, ya con «el Mono» Santillán en la mesa de café. En una carpeta estaban impresas la idea general, los objetivos, una planificación previa y hasta un cronograma tentativo. El Campus aún no tenía nombre. Hubo que insistir bastante hasta que Kiko aceptó que estuviera remitido a su figura: era la «cabeza», en todo sentido, pero él priorizaba el trabajo colectivo.

Me acuerdo como si fuese hoy cuando hablamos con Kiko y surgió la idea –tímida, embrionaria- de sumar a dos de sus jugadoras en Unión Eléctrica: Flor Cobelas («Cobe») en el área de prensa y «Pachi» De Rossi, para algunas cuestiones de diseño gráfico. Creo que esas incorporaciones están en el podio de las grandes decisiones del Campus. Bastaría con decir que pongo en duda que el primer Campus hubiese sido realidad sin ellas dos.

Regalos

Fueron y son las «Chicas Superpoderosas» que hicieron y hacen de todo, siempre predispuestas, con una capacidad de laburo y una responsabilidad que siempre me hizo agradecer el hecho de poder trabajar junto con ellas. Y no me saco de la cabeza que la noche previa al primer Campus estaban sentadas en el piso de un quincho al que habían ido todos los profes, armando carpetas, pegando stickers, haciendo «malabares». Unas horitas después, casi sin dormir, se pusieron al hombro todo el check-in, las inscripciones, el arribo de cien personas a Carlos Paz.

Se me vienen a la cabeza, claro, las mil reuniones que hicimos con el equipo del Campus en todos lados. En las que estuve y en las que no. Hubo por todas partes: en el siempre cálido Juanito (una «meca» para las reuniones, con las fajitas más ricas de Córdoba), en la estación de servicio que está a cuadras de Unión Eléctrica y en la única lomitería que encontramos abierta una noche helada de invierno, porque Kiko, «Cobe» y «Pachi» venían de jugar en Carlos Paz y se había hecho muy tarde.

Tengo imágenes imborrables de aquellas veces que nos repartíamos nombres de entrenadores y contactos para llamarles uno por uno, durante la noche, mientras ajustábamos planificaciones en una estación de servicio.

Y no dejo de pensar en cómo era hacer prensa y comunicar aquello que, para el resto, era apenas una idea y para nosotros una realidad.

Recuerdo a Lisandro Luppo poniendo su auto, su teléfono, su tiempo, el quincho de su edificio, todo con una generosidad asombrosa. Un «animal» para negociar, hacer logística, conseguir lo que fuese, convencernos del camino. Lo recuerdo riéndose incrédulo y nervioso cuando casi funde su auto camino al PreCampus de Bell Ville, en el otoño de 2013. Lo recuerdo sacando un enorme tupper con vajilla para 50 personas y cocinando para todos en la cocina del Club Bell. Lo recuerdo durmiendo en un sillón, «fundido», durante una de las charlas de perfeccionamiento del primer Campus.

Tengo grabado a Gustavo Santillán esperándonos en Bell Ville a la vuelta de aquel viaje a Mar del Plata del que ya hablé. Cabrón y polémico, como le gusta, «el Mono» siempre se hace querer. Lo recuerdo haciendo de todo en el PreCampus y ofreciendo su casa para que los entrenadores se bañen y descansen un rato antes de cenar. Lo recuerdo apasionado, hablándoles del «Data» a los estudiantes de periodismo durante el Campus en Carlos Paz, y tratando de no perderse nada en cada charla de perfeccionamiento. Y lo recuerdo en las palabras finales del Campus, sobre el escenario, mientras a varios se nos caían las lágrimas.

Me sonrío cuando pienso a Edu Rodríguez con su mochilita, llegando muchas veces a Córdoba después de sus mil combinaciones en colectivo desde San Guillermo o Sunchales, con ese ritmo tan propio, con esas ganas de laburar y aprender. Lo recuerdo en Bell Ville, en las planificaciones y también en Carlos Paz, orgulloso del Campus, haciendo de todo, coordinando los grupos de desarrollo, planteando antes del cierre que había empezado una nueva historia para todas aquellas personas que habían vivido esos días ahí.

No me sorprende recordar que un día llegó Silvana Garnero y no pidió mucho permiso. Se mandó de cabeza. Se llevó todo por delante, en el mejor sentido, y fue rueda de auxilio para todo. Puso el auto, el hombro, el esfuerzo: presentó charlas, armó proyectores, ordenó auditorios, le puso onda…

Yamila Nizetich

Recuerdo, además, las locuras que hizo Yamila Nizetich, actual capitana de la Selección Argentina, para apoyarnos cuando aún éramos una idea que no se había concretado. «Yas» filmó un video en Azerbaiyán (¡sí, en Azerbaiyán!) motivando a las jugadoras a participar el Campus, nos apoyó en todo momento y, apenas regresó de Europa, una semana antes de su casamiento… ¡no dudó y se fue a Carlos Paz! Estuvo en el Campus, brindó dos charlas y emocionó a todos. Una «maestra de las maestras».

Recuerdo las manos enormes que nos tendieron Jorge Luna Arrieta, Juanca Zamora (otro loco lindo, que se vino desde Chubut con su sobrina), Fer Lima (made in Lanús), Sergio López (de Somos Vóley), Manu Ruiz, Nacho Alcántara, Lorena Sinsig y unos cuantos que seguramente me olvidaré, en esos días del Campus donde todo resultaba novedoso.

Pero pienso, sobre todo, en una noche fría de invierno del 2013, en un bar de Alta Córdoba. Se jugaba un torneo en el Club Municipalidad y Kiko me avisó que allí se reunirían muchos de los profes que habían sido parte del primer Campus. Yo creo que aún no me había repuesto de todo lo que habíamos laburado en Carlos Paz. Llegué más tarde que ellos a ese bar: estaban sentados en una mesa ruidosa, con cara de cansados pero con el entusiasmo de siempre. Kiko repasaba los saldos positivos y negativos de la primera experiencia y Nanchi Binner era el «secretario de actas», anotando todo en su cuaderno tamaño oficio. Ya estaban planificando el segundo Campus. Creí que estaban sanamente dementes.

No hablaré de lo que siguió a esa «prehistoria» pero ahora, cuando sé que tendremos que «bajar la persiana» de las inscripciones para el Campus que se avecina en Bell Ville –porque no hay posibilidad de seguir expandiéndonos–, no puedo menos que emocionarme.

Cuando me pongo a pensar que habrá cerca de 200 personas reunidas durante cuatro días por un Campus de vóley no puedo menos que sentir que el esfuerzo de tanta gente valió la pena.

A veces los locos lindos ganan sus batallas. Y está bueno contarlo.

A todos los que serán parte del Campus en Bell Ville, disfruten mucho y aprovechen cada instante. Gracias a todos los inscriptos por la confianza en esta aventura. Aprendan mucho junto a todos esos «dementes».

Inscripciones a Full en el Campus Kiko Méndez Paz

Fuente y Fotos: Gabriel Rosenbaun / Campus Kiko Méndez Paz

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