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Facundo Conte, en Clarín: "Todavía hoy miro fotos de los Juegos y se me hace un nudo en el estómago"

Facu Conte en ShanghaiUna de las figuras del vóleibol argentino llevó su talento a China. A la espera de revancha en Tokio 2020, se acomoda a un mundo diferente. Y le avisa a Tevez, futuro vecino en Shanghai: Si sos futbolista y famoso, tenés todo resuelto.

Facundo Conte se ríe con una risa de nene travieso del otro lado del Whatsapp. La sentencia tiene algo de humor y algo de descripción impactante. Y habla, para los desprevenidos, de dos deportistas argentinos. Uno es él, voleibolista exitoso; otro es, claro, Carlos Tevez. “Acá” es Shanghai, la ciudad que lo alberga desde agosto y que será en breve la del ídolo de Boca.

A los 27 años, Conte se toma su presente con una extraña mezcla de madurez, sorpresa y resignación. Sabe que su profesión puede llevarlo de Buenos Aires a Bolonia -donde incluso fue dirigido por su padre, el histórico Hugo-, a Rusia, a Polonia y ahora a China, convocado por una Superliga en la que por ahora hay más dinero que grandes figuras. Mientras intenta adaptarse a costumbres, sonidos, olores y sabores que no son los suyos, se apoya en una contracción al trabajo y una disciplina que bien podrían definirse como orientales, aunque no sea el caso.

-Vivir en un hotel, jugar el 25 de diciembre y el 1° de enero, tener un solo compañero que habla inglés… No debe ser fácil.

-Acá el campeonato recién se va a parar a fin de mes por el Año Nuevo Chino. Pero me llevé una sorpresa: salimos a cenar el 24 y descubrimos que hay mucha gente que sí festeja. El cristianismo está bastante instaurado. En las últimas generaciones hubo mucha gente que eligió esa religión. Pasamos por una iglesia y estaban dando misa por Navidad.

-¿Por qué China? ¿Pasa como en el fútbol, que aparecen ofertas irresistibles?

-Económicamente seguro que hay diferencias. El gobierno chino apuesta al deporte, eso está clarísimo. Es una línea que baja desde muy arriba, y apunta al deporte para instalar mejor al país y darle más exposición. Las mujeres, por ejemplo, lograron ser campeonas olímpicas de vóleibol y aparecen en un montón de publicidades. Por ahora la liga masculina no es de las más fuertes como Rusia, Polonia, Italia o Brasil, pero hay equipos competitivos. Por suerte estoy en el Shanghai Golden Age, el más ganador de la historia de la liga.

-¿De dónde sale entonces la motivación para moverte en un ambiente no tan competitivo?

-Hago esto porque me gusta. Como lo hice siempre. Me hierve la sangre dentro de la cancha, jugar por jugar no me divierte. Como pasa en el juego, hay situaciones que hay que vivirlas primero. No puedo pensar en hacer algo si no terminé lo que estoy haciendo. Estoy comprometido con esto como antes lo estaba en Polonia. Mi idea es vivirlo al máximo, ganar y estar concentrado sólo en eso, para irme a casa contento a fin de temporada.

-En la Argentina todos hablan de China por Tevez…

-Pero ojo que no es lo mismo, ni económicamente ni en ningún aspecto. Una cosa es el fútbol y otra muy distinta el resto. Nuestra vida no es la del futbolista. Los jugadores viven un mundo aparte. Y aun así es una sociedad muy particular. A Carlitos, los futboleros acá lo van a conocer seguro. Pero no sé si toda la gente lo va a reconocer. Aquí las redes sociales están algo contenidas, censuradas. Para ellos el acceso a la información es más complicado. YouTube, por ejemplo, aquí no se ve. Y lo mismo Twitter, Facebook, Google. Todo es más acotado. Hay una aplicación que se llama WeChat, que sirve para todo. Hasta para cargar la tarjeta de crédito y pagar con el celular. Yo la uso para comunicarme con el DT, los compañeros y la traductora. Por eso me sorprendió que estando cerca de Beijing vinieron algunos hinchas con fotos mías de los Juegos Olímpicos. No es lo usual, para nada…

Facu Conte rubio-Llamarás la atención por occidental…

-Será por eso, o porque me teñí de rubio…

-¿Tenés contacto con dirigentes chinos, con empresarios?

-No se ven muchos dirigentes. El equipo es de la ciudad. Es súpercopado. Hay uno por ciudad. Y la mayoría de los jugadores se quedan en el club toda su carrera. Como si yo hubiera jugado toda mi vida en Muni o en GEBA.

-Pero aún sin eso la estructura del vóleibol argentino sigue siendo fuerte en su base. Algo de eso te llevó hasta allá…

-Sí, claro. Hasta hace poco Argentina estuvo primera en el ranking mundial de juveniles y de cadetes. Creo que no tenemos nada que envidiarles a las grandes potencias del mundo en cuanto a la formación de jugadores. Técnicamente somos buenos, por ahí la diferencia se nota en lo físico. Nos pasó contra Brasil: cuando éramos menores estábamos a la altura en lo técnico y en lo táctico, pero físicamente ya no, nos arrasaron. Las diferencias aparecen a nivel profesional y en las ligas. Pero si en la Argentina un joven decide jugar al vóleibol, tiene condiciones y se entrena apuntando a mejorar, no creo que haya límites. Yo jugué el Metropolitano, dos o tres partidos por semana más otros dos o tres entrenamientos. Así me formé. Eso es importantísimo.

-Facundo, hablando de estructuras y de procesos, ¿qué le falta a la Selección para dar el salto y pasar del segundo pelotón al primero?

-Soy jugador y es complicado decir algo, pero creo que se mejoró muchísimo. Nosotros y los que vienen detrás. Hay que
tratar de mejorar la cultura del profesionalismo a nivel de entrenamientos, condiciones, concentración. No buscar hacer las cosas bien, sino excelente. Se cambió y se vieron los resultados.

-Pero otra vez se llegó hasta cuartos de final, a un partido de la lucha por medallas…

-Sí, y puede ser que el dolor termine siendo mayor por haber llegado hasta ahí. Pero fue un Juego Olímpico distinto, fuimos primeros del grupo, algo muy valioso, y tuvimos la mala suerte de cruzarnos con Brasil y aun así hubo oportunidades de ganar. Por eso lo sentí tan real, como algo que estuvo al alcance de la mano y no pudo ser. Y fue mérito de Brasil, que al final fue campeón olímpico.

-¿Qué significa tener a Velasco, un hombre reconocido no sólo en el vóleibol, sentado en el banco y llevando adelante este proceso?

-Julio vino para hacer un cambio importante. Quería buscar la excelencia, hacer las cosas bien, que cada uno mejore y que todos mejoren en todo sentido: desde el gimnasio, la ropa, la concentración, la dedicación. Todo. Fue importantísimo en ese sentido. Como yo digo, meterte el dedo ahí mismo todo el tiempo, todos los días. Y en los últimos tres años se construyó algo muy bueno. Aunque el resultado de un Juego Olímpico se parece al del otro, las situaciones son completamente distintas. Todos lo sentimos. Ahora jugamos mejor que antes, más allá del resultado.

-¿Los Juegos de Río terminaron siendo una frustración para vos?

– Di todo lo que tenía para esos Juegos. Quedarnos ahí fue terrible. Yo tuve que hacer una especie de luto, estuve un mes en Argentina para tratar de sacarme eso de encima. Todavía h­oy miro fotos y se me hace un nudo en el estómago. La bronca es por no haber podido ir por más. Nadie que le guste el deporte se conformaría con perder. Fue muy duro. Cuando no estás a la altura es más fácil aceptar una derrota, pero cuando la diferencia es tan chica duele. Y aunque lo valoro mucho, el nudo en el estómago me aparece igual.

-Tendrás revancha en Tokio…

-Ojalá la tenga, sí. Sería bárbaro. Pero para Tokio todavía faltan cuatro años.

Navidad y año nuevo lejos de casa

-Hace unos días, Andrés Iniesta dijo que no le hablaran de plata, que no contaran con él en China. ¿Tan duro es?

-Muy. Si no te clavaste con las compras varias veces, si no fracasaste mucho en hacerte entender, es porque no empezaste la adaptación. Y eso que en Rusia y en Polonia me hice experto en mímica. Pero a veces ni con eso alcanza. Por lo menos ya sé que el chocolate que me gusta viene en un paquete rojo. Y con la comida muchas veces me salva el room service.

-Demasiado distinto para estar solo.

-Sí. Estoy con mi perro, Tinto, y esperando a mi novia desesperadamente (risas). Conmigo fueron muy amables, pero las costumbres no tienen nada que ver con las nuestras. La comida es distinta, la gente escupe en todos lados, eructa todo el tiempo. Pero hay que entender que lo que para nosotros es extraño o de mala educación, para ellos lo más normal.

-Para unos meses, ¿no?

-La Liga termina el 26 de marzo. Ahí veré qué hago. Por ahora voy día a día. No me gusta pensar tan adelante. Por ahora pienso en lo deportivo. El equipo está bien, somos uno de los tres más fuertes y tenemos muchas chances de quedar bien arriba. No sé cómo sigue, pero si soy campeón seguirá todo mucho mejor…

-¿Qué Facundo Conte se verá este año?

– Me gusta ir pensando temporada a temporada. Hoy estoy en China poniendo el alma y el cuerpo. Puede parecer una aventura divertida y ya, pero la verdad es que pasar Navidad y Año Nuevo en un hotel, lejos de los tuyos, no es sencillo. Es todo un combo, un camino a recorrer. No pienso en proyectar sino en aprender de esta experiencia.

Fuente: Sergio Danishewsky / Clarín – Foto: Instagram

By | 2017-01-09T13:05:28+00:00 enero 9th, 2017|Categories: Entrevistas|0 Comments

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